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Cuando pierdes el ritmo

hace 6 días
2 min de lectura


Septiembre está por terminar.  Y mientras escribo estas líneas me doy cuenta de algo:  este artículo también pudo quedarse pendiente. La vida se fue llenando de otras cosas.  Algunas importantes. Otras inesperadas.

Los días pasaron, y algo que había decidido hacer —aportar cada mes desde este espacio— fue quedando para después.

 

Podría pensar: “Ya septiembre terminó. Mejor comienzo nuevamente en octubre.”

 

Pero quizás ahí está precisamente el tema.

 

La consistencia no siempre se parece a cumplir perfectamente. A veces se parece, simplemente, a retomar el camino y seguir.  A estas alturas del año puede resultar interesante mirar hacia atrás. No para revisar aquella lista de enero y comprobar cuánto hemos cumplido.  Tampoco para entrar en la carrera de querer recuperar en tres meses todo lo que no hicimos en nueve.  Más bien para detenernos y preguntarnos:

 

¿Dónde estoy ahora?

 

Transcurrieron nueve meses. Han cambiado circunstancias, prioridades, relaciones, responsabilidades. Y, probablemente, nosotros también. Por eso, antes de retomar automáticamente lo que quedó pendiente, quizás conviene preguntarnos si todavía tiene sentido. Porque no todo lo pendiente continúa siendo importante. Hay proyectos que todavía queremos. Otros pertenecían a una versión nuestra de enero que ya cambió.  Algunas prioridades necesitan modificarse. Y habrá cosas que podemos decidir, conscientemente, dejar ir.

 

Retomar no significa regresar automáticamente a todo lo que dejamos.

Significa volver a elegir.  Pero incluso cuando tenemos bastante claro lo que queremos, no siempre resulta fácil avanzar. La mente se llena de conversaciones. Analizamos posibilidades. Anticipamos problemas. Repasamos decisiones. Dudamos. Buscamos garantías.

 

¿Y si no funciona?

¿Será este el momento adecuado?

¿Debería esperar un poco más?

¿Y si me equivoco?

 

Pensar es necesario. El problema aparece cuando el sobrepensar interfiere con la toma de decisiones creando una ilusión de que estamos haciendo algo al respecto cuando la realidad es que estamos dando vueltas mentalmente sobre lo mismo.

 

¿Lo que estoy pensando me está ayudando a decidir… o a posponer la incomodidad de decidir?

 

No siempre encontraremos certeza. Muchas decisiones importantes se toman con dudas, miedo o incomodidad presentes. Ahí la consistencia adquiere otro significado. Ya no es una cadena perfecta de días cumplidos. Es regresar, una y otra vez, a aquello que hemos decidido que importa.

 

Cinco minutos para volver

 

Antes de hacer otra lista de metas para los últimos meses del año, te propongo algo más sencillo.

 

Busca cinco minutos. Puedes escribir las respuestas o simplemente reflexionar.

 

  1. Obsérvate. ¿En qué se me fueron estos meses?

  2. Reconoce. ¿Qué dejé pendiente que todavía me importa?

  3. Nota qué haces. Cuando pienso en eso, ¿qué hago en su lugar?

  4. Elige. De todo eso, ¿qué merece mi tiempo hasta diciembre?

  5. Vuelve. ¿Qué paso pequeño puedo dar esta semana?

 

No necesitamos resolver el resto del año hoy.  Necesitamos identificar el próximo paso que podamos sostener. Este artículo llega terminando septiembre. Mientras lo escribo, me recuerda algo que fácilmente olvidamos:  regresar también cuenta.

 

No necesito esperar a enero. Tampoco al próximo mes, al próximo lunes, ni a sentirme completamente preparada.

 

Puedo detenerme.

Mirar dónde estoy.

Reconocer lo que cambió.

Volver a elegir.

Y comenzar desde aquí.

 

La consistencia no es nunca perder el ritmo.

Es encontrarlo, una y otra vez.

 

Y te dejo la pregunta que también me estoy haciendo:

 

¿Qué vuelves a elegir hoy?

 




— Ritmo con Sentido — ZF


 
 
 

1 comentario


Sonia Rivera
Sonia Rivera
hace 5 días

Muy cierto. Necesitamos volver a encontrar el ritmo todas las veces que sea necesario.

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