Aprender a mirar
- Dra. Zaida N. Fernández

- hace 5 días
- 2 min de lectura

Esta semana estuve practicando fotografía en casa, con mi cámara.
Había visto videos sobre exposición, composición y luz.
Pensaba en el lente, en el trípode, en el encuadre. Quería lograr una buena fotografía.
Pero la luz tiene su propio ritmo.
No se deja apurar.
Había que esperarla.
Esperar a que entrara por la ventana.
Esperar el momento.
Esperar a que yo dejara de buscar una fotografía y empezara, simplemente, a mirar.
Y me pregunté cuántas veces hacemos exactamente lo contrario en nuestra vida.
Queremos resolver una conversación antes de escuchar.
Queremos tomar una decisión antes de comprender lo que sentimos.
Queremos cambiar aquello que vivimos antes de detenernos a observarlo.
Quizás por eso muchas veces terminamos reaccionando más que respondiendo.
La fotografía me recordó algo que también veo con frecuencia en terapia.
Las mejores respuestas no suelen aparecer primero.
Primero aparece la observación.
Notar.
Permanecer.
Esperar unos segundos más.
Dar espacio a la experiencia antes de intentar modificarla.
Observar no significa quedarse inmóvil.
Significa estar lo suficientemente presente para descubrir lo que antes pasaba
desapercibido.
Tal vez por eso la vida cotidiana tiene tanto que enseñarnos.
El primer sorbo de café.
La luz que entra por una ventana.
El silencio antes de comenzar el día.
Una caminata.
La forma en que respiramos cuando algo nos preocupa.
Son momentos sencillos.
Tan sencillos que solemos pasarlos por alto.
Sin embargo, cuando aprendemos a prestarles atención, algo cambia.
No necesariamente cambia el problema.
Cambia la manera en que nos relacionamos con él.
Y, muchas veces, ese es el comienzo de un cambio más profundo.
Una práctica para esta semana
No necesitas una cámara.
Solo unos minutos de atención.
Elige un momento cotidiano.
Puede ser preparar el café, caminar hasta el trabajo, abrir una ventana o lavar tus manos.
Durante dos minutos no intentes hacer nada diferente.
Solo observa.
¿Qué ves que normalmente no notas?
¿Qué escuchas?
¿Cómo se siente tu cuerpo?
¿Qué emoción aparece sin que tengas que buscarla?
No intentes sacar conclusiones.
No intentes resolver nada.
Solo mira.
Porque, quizás, aprender a vivir con más sentido no consiste en hacer más cosas.
Consiste en aprender a mirar con más atención las que ya forman parte de nuestra vida.
— Ritmo con Sentido — ZF



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