HOY NO, MAÑANA LO HAGO…



¿Te parece familiar esa frase? Cualquier desafío que tenga que ver con la fuerza de voluntad que exige hacer algo difícil, nos cuesta. Es una de las premisas de la autora Kelly McGonigal en su libro Autocontrol. Es común encontrar a personas cuando vienen a consulta expresar sentirse mal porque procrastinan. Ventilan sobre lo difícil que les resulta moverse y ejecutar tareas para alcanzar metas y objetivos importantes en sus vidas.


Lo cierto es que no hay salidas mágicas y el terapeuta no puede hacer las tareas o aquellos asuntos importantes que le corresponde a la persona comprometerse. La terapia puede ayudar en colaboración con la persona a explorar aquellas áreas vulnerables y estar más consciente de ellas. Ayuda a la persona a una mayor compresión de sí misma y se proveen estrategias que promuevan la toma de acción. Elegir cada día como se vive mientras respiramos, es responsabilidad de cada uno de nosotros.


Procrastinar significa aplazar, postergar…dejarlo para luego. En fin, dejar habitualmente para mañana lo que puedes hacer hoy. Esta tendencia trae consigo cierto malestar para la persona que procrastina.


La investigación científica sobre este tema ha crecido de forma progresiva en el ámbito de la educación, en el área laboral, clínico y social. Relacionando la procrastinación con dificultades para gestionar las emociones y en la forma en que nos hablamos (asociar de forma negativa el esfuerzo para ejecutar tareas).


De acuerdo con el contexto de cada cual, hay personas que procrastinan más orientadas a obtener recompensas de forma rápida y se les dificulta el proceso de orientarse hacia al futuro. Mientras que otras prefieren hacer las tareas en un momento en específico, ya sea en la mañana, tarde o noche. Las personas con conductas crónicas de procrastinación prefieren actividades a corto plazo y evitan planes a largo plazo de esa forma reducen la ansiedad que les genera el plantearse su ejecución ante tareas de gran esfuerzo y buscan recompensas inmediatas.


Este proceso de dejar consistentemente las cosas para mañana tiene consecuencias, ya que aparecen sentimientos de inquietud, preocupación y decepción observados con el tiempo. La persona se encuentra en un círculo vicioso con una sensación de estancamiento. Esta conducta se agrava con el uso de las redes sociales y otros distractores que al dedicarles mucho tiempo les sirve para demorar una vez más la ejecución de tareas importantes con un impacto a largo plazo. Por otro lado, muchas veces la frase “es que no tengo tiempo” funciona como una excusa para evadir el compromiso y no completar trabajos que requieren mucha energía mental (estar enfocado, concentrado en una sola tarea). El tiempo es igual

para todos según plantea la Dra. McGonigal: 24 horas al día, 168 horas semanales,

365 días al año.


Tal vez sería importante preguntarnos por nuestras prioridades y dónde estamos enfocando nuestra atención y energías. Nuestra mente hace bien su trabajo es sumamente creativa y tendemos a elaborar argumentos, quejarnos, dar razones que consiguen mantenernos dando vueltas y no avanzamos. Para salir del estancamiento y tener la sensación de que estamos moviéndonos hacia lo que es importante, deberíamos comenzar con pequeños cambios y repetirlos diariamente.


Establecer nuevos hábitos que nos permita alcanzar nuestros objetivos, concretar planes, terminar escritos, tesis, reparar cosas, pintar la casa, llamar a esa persona, terminar una carrera académica, tomar decisiones importantes, etc., requiere fuerza de voluntad y disciplina. Sin embargo, podemos lograrlo si estamos dispuestos a dar pequeños pasos.


Algunas recomendaciones:


  1. Priorizar tareas. Estructurar tareas mediante agendas manuales o digitales, o utilizar el sistema que prefieras lo importante es escribirlas. Registrarlas. Una vez registradas, se ejecutan, no se piensan.

  2. Dividir los proyectos que conlleven más de una acción en pasos cortos. Pequeñas acciones que te ayuden poco a poco alcanzar tus objetivos, lo importante es repetirlas día a día.

  3. James Clear en su libro Hábitos Atómicos sugiere establecer metas concretas y específicas. Ser específico acerca de lo que quieres y cómo vas a obtenerlo te ayuda a decir no a las cosas que te desvían del progreso, que distraen tu atención y que te sacan de curso. El autor ofrece los siguientes ejemplos de cómo plantearte los objetivos de forma concreta y especifica:

  4. En lugar de decir quiero meditar en la semana. Yo meditaré durante un minuto a las 7 a.m. en la sala.

  5. Tengo que hacer Ejercicios. Yo haré ejercicios durante una hora a las 5 p.m. en el gimnasio que queda cerca de mi trabajo.

  6. Para mi esposa es importante los detalles. Al estar en la cocina, yo le prepararé una taza de café a mi esposa a las 8 a.m.

  7. Establece un horario. Organiza tu día. Ser consciente de tu tiempo y como lo inviertes durante el día.

  8. Evitar distracciones (retirar estímulos que generan el impulso de abandonar la tarea como el teléfono).

  9. Aprender a decir que no (establecer límites).

Cada individuo tiene una personalidad única y formas de organizarse en el día a día. Si vives con la sensación de estancamiento y dicho malestar interfiere en tu vida cotidiana, no dudes en buscar ayuda profesional. Decide hoy a asumir responsabilidad de lo que debes hacer y comienza con pequeños pasos a moverte hacia una vida efectiva y productiva.

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