top of page

Cuando el amor también agota



Cuidas a todos. Y te olvidas de ti.


Nadie te lo dijo así.

Nadie te dijo que un día ibas a despertar cansada o cansado de algo que haces con amor.


Pero aquí estás.


El agotamiento de quien cuida no llega de golpe.

Llega despacio, disfrazado de normalidad.

Llega en los silencios donde tú preguntas y nadie pregunta de vuelta.

En las noches donde resuelves, contienes, sostienes —

y al final del día no queda nadie que te sostenga a ti.


No es que hayas dejado de querer.

Es que llevas mucho tiempo queriendo hacia afuera

y muy poco tiempo quedándote contigo.


Hay un momento — no siempre dramático, a veces casi invisible —

en que ayudar deja de nacer de un valor

y empieza a nacer del hábito.

Del miedo.

De no saber cómo estar sin estar disponible.


Ese momento no te hace mala persona.

Te hace humano. Te hace humana.

Te hace alguien que merece la misma pregunta que tú haces tan bien:


¿Cómo estás, de verdad?

No cómo está la situación.

No cómo están los demás.

Tú.

¿Estás durmiendo?

¿Estás comiendo sin prisa?

¿Hay algo que quieras y llevas semanas sin pedirlo?


El problema no es que cuidas.

El problema es que nadie —

ni siquiera tú —

te ha hecho esa pregunta últimamente.


Un pequeño movimiento

Esta semana, una sola vez,

antes de preguntar cómo está alguien más —

párate.


Respira.

Y hazte la pregunta a ti primero.


No para arreglarte.

No para tener una respuesta perfecta.


Solo para notar que también estás ahí.

Eso es suficiente por ahora.


— Ritmo con Sentido — ZF


 
 
 

Comentarios


bottom of page